VIVIENDO EN NUEVA YORK

Viviendo en Nueva York

Nueva York, la capital del mundo, mi hogar. Donde el ruido de las ambulancias retumba 24/7, el tren se descompone los fines de semana, el olor a café me persigue por toda la ciudad y sobre todo, las bien conocidas “ratas” -aunque parecen gatos de lo grande- de Nueva York te dan el “buenos días” cuando sales de una rumba o te saludan cuando vas a casa luego del trabajo.

Sin duda, hay que estar un poco loco para sobrevivir al ritmo de esta ciudad, no por como dicen que “nunca duerme”, no, sino por la cotidianidad que en su acelerado ritmo de vida te envuelve y terminas -sin darte cuenta- entrando en el estereotipo de la vida neoyorquina: caminar rápido, chequear el clima antes de salir de casa, revisar tres apps para ver cuánto tarda el metro y lo más importante, café en mano; aunque resulte poco creíble y como decía yo “que estupidez”, es así, la misma ciudad te envuelve en un ritmo de vida del que no puedes escapar.

Y es que Nueva York es mucho más que esas asombrosas pantallas de Times Square a las que todo el mundo le toma miles de fotos diariamente.

Nueva York es: los hindúes del Deli siempre de mal humor porque quieren que pagues en efectivo, la señora de la MTA que siempre estará de mal humor cuando le preguntes alguna dirección, los homeless y borrachitos en el tren que pelean y dan su discurso sobre la repulsiva sociedad en la que vivimos que no es capaz de darles $1 -aun cuando muchos de ellos lo gastaran en drogas-, las calles con un toque de magia perfecto para caminar a cualquier hora y que siempre luzcan como una calle nueva que no has recorrido -aunque hayas pasado por ahí mil veces-, subir al tren y ver en un solo vagón 20 nacionalidades diferentes, en definitiva, Nueva York es perderte en un mundo tan grande y tan asombroso que no podrás terminar de conocerlo nunca.

Nada es tan cálido -al menos para mí- como las caminatas dominicales en algún parque con mi novia, aunque suene cliché, escapar del ajetreo de la ciudad y tomar 20 o 30 minutos para sentarte a ver los patos nadar en el río congelado, o la señora de 70 años que luce con mucho más estilo que cualquiera de las personas que conozco e incluso el grupo de chicos que fuma marihuana y creen que nadie sabe que son ellos, pero todos lo sabemos, eso, ese aire de libertad es Nueva York.

Caminar y ver chicas y chicos de todas las edades luciendo como deseen, siendo quienes desean ser, luchando por llegar a donde desean llegar sin tabú, como el mágico sentido de libertad.

Sin embargo, no podemos dejar de lado la sensación de ansias que te origina caminar por las calles que mueven al menos el 60% de la economía global de los Estados Unidos y no, no se trata de americanismo o “del imperio”, no, se trata de que muchos de ellos -como mi ex jefe- comenzaron siendo busboys, mesoneros o sencillamente dishwashers y ahora caminan por las calles usando abrigos de $5000 que sin duda te hacen cuestionarte una y otra vez “¿Qué habrán hecho ellos que yo aún no he hecho?”

Incluso algo tan simple como reunirte con tus amigos agarra un nuevo sentido en esta ciudad, las distancias son tan largas y el metro tan extenso que finalmente poder cuadrar un punto neutro es una tarea casi tan difícil como recordar cuál es el archivo final de la tesis en el computador; pero fuera de sentir el calor de un ser conocido, Nueva York te brinda la oportunidad de sentarte en cualquier bar y salir al menos con 4 amigos de diferentes partes del mundo, personas que te contarán sus vidas, querrán saber la tuya y por qué no, quizá te coquetean otro poco si tienes algo de suerte, después de todo no existe mayor tiempo para el amor en la gran manzana.

Conseguir siempre un destino distinto para conocer, un restaurante nuevo para probar, una calle que piensas que no conocías, pero sí lo haces, un parque que cada vez que vas luce diferente, todo en Nueva York adquiere un nuevo sentido, una nueva visión, como alguien me dijo hace algunos días “Lo mejor de esta ciudad es la manera en que dejas los prejuicios de lado”, ¡Y es así!, no tienes tiempo de mirar de lado, solo admiras lo pequeño que eres ante estos inmensos edificios de 60/70 pisos, o bueno, quizá es una sensación que tengo solo yo con mi 1.50m.

Lo resumiré en una frase que leí hace poco y que es toda una pena no recordar el autor: Nueva York no es una ciudad, Nueva York es un mundo” y ahora, mi hogar, mi ruidoso y enloquecedor hogar. 

 

Raiza Marcano
Escrito por: Raiza Marcano
Licenciada en comunicación social

2 Comentarios

  1. Manuel hernandez dice: Responder

    Wow! Me senti identificado en ese testimonio! 😘

  2. Kthy dice: Responder

    💖

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